El Ejército de Estados Unidos, a través de su Comando Central (CENTCOM), reanudó los bombardeos estratégicos contra territorio de Irán, en una ofensiva aérea que responde de forma directa a las recientes agresiones ejecutadas por fuerzas iraníes contra tres buques comerciales y petroleros que transitaban por el Estrecho de Ormuz. 

Washington calificó las acciones de Teherán como injustificadas y como una clara violación al cese al fuego pactado hace apenas tres semanas.

Los ataques estadounidenses alcanzaron diversos puntos en la provincia costera de Hormozgan, reportándose potentes explosiones en el puerto de Sirik, la isla de Qeshm y la ciudad portuaria de Bandar Abbas. Fuentes del Pentágono precisaron que los objetivos militares destruidos incluyeron sistemas de defensa aérea, radares de vigilancia costera, arsenales de misiles de crucero antibuques y bases de lanzamiento de drones operadas por la Guardia Revolucionaria.

Horas antes del despliegue militar, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos revocó la licencia general que autorizaba de forma temporal la exportación y venta de petróleo iraní. La Casa Blanca fijó un periodo de liquidación progresiva de transacciones comerciales que concluirá el próximo 17 de julio. 

Esta reactivación inmediata de las sanciones comerciales disparó los precios internacionales del crudo más de un 5%.

Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán condenó los bombardeos y la cancelación de la exención petrolera, calificándolos como violaciones graves al memorando de entendimiento firmado el 17 de junio; Teherán advirtió que tomará medidas decisivas para proteger su soberanía nacional en un momento de alta sensibilidad, marcado por los funerales de Estado del ayatolá Alí Jameneí, abatido en febrero pasado.

La escalada bélica coincide con la cumbre de jefes de Estado de la OTAN que se celebra en Ankara, Turquía, foro donde participa el presidente Donald Trump.