Un estudio encabezado por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) plantea una nueva hipótesis sobre el origen de algunos sismos registrados en la Ciudad de México: las lluvias intensas, combinadas con bajos niveles de los acuíferos, podrían contribuir al desencadenamiento de temblores locales bajo condiciones específicas.
La investigación, publicada en la revista científica Geophysical Journal International, no afirma que la lluvia provoque sismos de manera generalizada, sino que identifica una correlación estadística entre precipitaciones intensas al final de la temporada seca y algunos movimientos telúricos registrados en 2023, gracias al uso de una innovadora tecnología basada en fibra óptica.
El proyecto fue desarrollado por el geofísico Mathieu Perton y especialistas del Instituto de Ingeniería de la UNAM, quienes durante 15 meses, entre 2022 y 2023, transformaron los cables de fibra óptica que conectan las supercomputadoras Miztli, Xiuhcoatl y Yoltla en una extensa red de sensores sísmicos mediante la tecnología conocida como Sensores Acústicos Distribuidos (DAS, por sus siglas en inglés).
Este sistema funciona enviando pulsos láser a través de cables de fibra óptica instalados bajo tierra. Cuando el suelo vibra, las fibras experimentan pequeñas deformaciones que alteran la trayectoria de la luz, permitiendo detectar movimientos que posteriormente son interpretados como señales sísmicas.
Gracias a este método, el Valle de México pasó de contar con alrededor de 30 sismómetros convencionales a disponer de 2 mil 266 puntos de medición, lo que permitió localizar con mayor precisión pequeños sismos que antes eran difíciles de identificar.
Los investigadores cruzaron la información obtenida por la red DAS con registros de precipitación de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y con datos sobre los niveles de los acuíferos subterráneos. El análisis reveló que varios de los sismos registrados en mayo de 2023 coincidieron con un periodo de lluvias intensas, cuando los acuíferos presentaban niveles particularmente bajos.
Inicialmente se planteó que el agua infiltrada podría lubricar fallas geológicas como las de Mixcoac o Barranca del Muerto, facilitando la ocurrencia de sismos. Sin embargo, la ubicación de los epicentros descartó esa explicación, ya que la mayoría de los eventos sísmicos se localizaron fuera de dichas fallas.
La hipótesis que mejor explica los resultados, según los autores, es que las fuertes precipitaciones recargaron rápidamente los acuíferos en las laderas orientales de la Sierra de las Cruces, generando diferencias de presión con otras zonas urbanizadas donde el agua no logra infiltrarse con la misma velocidad debido al pavimento y al sistema de drenaje.
Ese desequilibrio habría provocado una compresión del subsuelo suficiente para desencadenar el doble sismo del 11 de mayo de 2023, ambos de magnitud 3.2, así como otros movimientos de menor intensidad registrados posteriormente.
Aunque estos temblores fueron relativamente pequeños, otro estudio publicado en la revista Tectonophysics concluyó que generaron aceleraciones del terreno superiores a las registradas durante el terremoto del 19 de septiembre de 2017 en algunas zonas, debido a las características sedimentarias del subsuelo capitalino. No obstante, la corta duración de los movimientos evitó daños mayores.
El sismólogo Luis Quintanar, del Instituto de Geofísica de la UNAM y coautor del estudio publicado en Tectonophysics, consideró que estos hallazgos justifican revisar las normas de construcción en el oriente de la Ciudad de México. Por su parte, Mathieu Perton estimó que, debido a la ausencia de grandes fallas geológicas en la zona analizada, no se espera que este fenómeno origine sismos de gran magnitud.
Ambos especialistas coinciden en que, si futuras investigaciones confirman que las variaciones de presión del agua subterránea pueden favorecer la ocurrencia de sismos locales, una mejor gestión de los acuíferos podría contribuir a disminuir ese riesgo.
No obstante, el propio estudio advierte que se requieren investigaciones adicionales. Luis Quintanar señaló que la localización de los epicentros mediante fibra óptica aún presenta limitaciones debido a que los sensores se distribuyen en líneas específicas, mientras que el geofísico Haipeng Li, de la Universidad de Stanford, destacó que la tecnología DAS representa una herramienta prometedora para comprender la interacción entre hidrología y sismicidad, aunque subrayó que el procesamiento de la enorme cantidad de datos sigue siendo uno de los principales desafíos para la comunidad científica.
De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional (SSN), la Ciudad de México experimenta ocasionalmente sismos locales, distintos a los grandes terremotos originados en la costa del Pacífico. Estos eventos suelen tener magnitudes menores, pero pueden percibirse con fuerza debido a su escasa profundidad y a las características geológicas del Valle de México.
Estudio de la UNAM analiza posible relación entre lluvias intensas y sismos en la Ciudad de México
Una investigación de la UNAM identificó un patrón que podría vincular las lluvias intensas con algunos movimientos telúricos locales en la CDMX
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