La elección presidencial de Brasil podría tener efectos sobre la relación económica y energética que México ha construido con ese país durante el gobierno de Claudia Sheinbaum, particularmente en materia de hidrocarburos. La principal referencia es el acuerdo firmado en junio entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y Petrobras, que abrió un marco de cooperación para evaluar proyectos conjuntos de exploración, producción y transformación de hidrocarburos.

El memorando fue firmado el 23 de junio de 2026 y contempla oportunidades de exploración y producción en aguas profundas y ultraprofundas, incluidos activos ubicados en el Golfo de México, además de campos maduros y procesos industriales como refinación, petroquímica y fertilizantes. Sin embargo, el documento no representa todavía un compromiso vinculante de inversión ni crea una empresa conjunta entre Pemex y Petrobras. Tiene una vigencia de dos años, con posibilidad de renovación.

La cooperación entre las dos petroleras se construyó durante el acercamiento entre los gobiernos de Sheinbaum y Luiz Inácio Lula da Silva. En junio, la Secretaría de Relaciones Exteriores informó que ambos mandatarios revisaron los avances de la agenda bilateral, incluida la cooperación energética y el entonces próximo acuerdo entre Pemex y Petrobras.

El memorando contempla que Petrobras aporte experiencia y tecnología en operaciones marítimas complejas. Entre las áreas identificadas se encuentran la exploración en aguas profundas y ultraprofundas del Golfo de México, la revitalización de campos maduros y el intercambio de conocimientos técnicos y mejores prácticas.

La presidenta Sheinbaum también explicó que uno de los intereses de México es aprovechar las tecnologías desarrolladas por Petrobras para reducir los tiempos asociados con la exploración petrolera, particularmente en aguas profundas.

Por ahora, no existe un anuncio oficial que establezca que un eventual cambio de gobierno en Brasil cancelaría el memorando. Cualquier modificación dependería de las decisiones que adopte la nueva administración brasileña y de los instrumentos específicos que eventualmente se negocien a partir del acuerdo actual.

En materia de política comercial, el contraste entre Lula y Flávio Bolsonaro es más evidente. El candidato del Partido Liberal ha planteado profundizar la relación económica de Brasil con Estados Unidos.

En julio, durante una visita a Washington, Flávio Bolsonaro propuso crear una zona de libre comercio entre países de América, tomando como referencia el antiguo TLCAN y el actual T-MEC. Su planteamiento contempla incorporar a Brasil junto con Estados Unidos, México y Canadá.

Más recientemente, el debate sobre política exterior de los candidatos ha mostrado diferencias en asuntos como la relación con Estados Unidos, China, los BRICS y el Mercosur. Flávio ha planteado un mayor acercamiento a Washington y una reducción del peso de los BRICS, mientras que Lula ha defendido la integración con ese grupo y el fortalecimiento del Mercosur.

Para México, un eventual proyecto de mayor integración comercial de Brasil con Estados Unidos podría abrir un escenario distinto al actual, especialmente porque las tres economías ya mantienen importantes vínculos comerciales y cadenas productivas regionales. Sin embargo, todavía no es posible afirmar que una eventual política comercial brasileña desplazaría automáticamente a las exportaciones mexicanas o generaría una competencia directa en determinados sectores.

La relación bilateral no se limita al sector petrolero. En agosto, durante la VI Reunión de la Comisión Binacional México-Brasil, ambos gobiernos destacaron el avance de la cooperación económica, comercial y energética. La Secretaría de Relaciones Exteriores señaló que el acercamiento entre Sheinbaum y Lula había generado condiciones para profundizar la relación entre las dos mayores economías de América Latina.

La agenda incluye también biocombustibles, industria, comercio, ciencia y tecnología, además de proyectos vinculados con energía. En marzo, Sheinbaum explicó que México y Brasil estaban buscando acciones complementarias entre sus economías, en lugar de plantear por ahora un tratado de libre comercio bilateral.

El resultado de las elecciones brasileñas, por tanto, definirá el rumbo de la política exterior y económica de Brasil y podría modificar las prioridades de cooperación con México. En el caso de Pemex y Petrobras, el punto de partida será un memorando que ya establece áreas concretas de colaboración, pero cuya eventual ejecución requiere todavía estudios, aprobaciones y acuerdos específicos.

Para México, uno de los principales elementos a observar será si el próximo gobierno brasileño mantiene la actual agenda energética y comercial con el país o decide modificar sus prioridades internacionales.