Hernán Gómez, un conocido politólogo mexicano fue a Brasil a entrevistar a la gente en la calle para conocer su parecer frente a la elección presidencial que se vive en ese país y que enfrenta a Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores y actual presidente -de izquierda- y a Flávio Bolsonaro, candidato de ultraderecha, hijo de otro mandatario, Jair Bolsonaro, que hoy purga una condena en ese país por intentar un golpe de estado contra Lula. Como se vio en los resultados pasados, el país se encuentra polarizado entre una izquierda ciertamente moderada y la ultraderecha bolsonarista. De las entrevistas de Gómez en la calle, se muestra que muchos de los partidarios de Bolsonaro conocen poco realmente de su plataforma política y, en realidad, se inclinan por votar en contra de Lula y sus políticas que califican de socialistas. 

 

De todas las entrevistas que realizó, me llamó la atención una de una mujer que dice estar en contra de Lula porque es partidaria de la “colectivización”, según la traducción de Gómez. Imagino que se refiere a que el gobierno transforme “lo privado en colectivo”, como se estipula en el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Más adelante, se manifiesta en contra del programa gubernamental que obliga a las universidades a reservar un porcentaje determinado de cupos para personas afrodescendientes, lo que, para ella, es discriminatorio. Por tanto, pienso que ella considera que, si se obliga a las universidades públicas y privadas a otorgar plazas obligatorias a la población, se viola el “derecho fundamental” -de acuerdo con este pensamiento ultraconservador- que tienen las universidades -y el mundo entero, para este caso- de rechazar a alguien o de aceptarlo según los “méritos” que tenga. Esto viene determinado, por supuesto, por la cuna, el código postal, el color de piel y el “esfuerzo” realizado por los empresarios para obtener dinero y estatus. Racismo y clasismo disfrazados de meritocracia, simple y llanamente. 

 

Como vemos en las palabras de esa mujer bolsonarista, el problema que enfrentan las izquierdas en América Latina es que luchan en contra de las prácticas coloniales establecidas desde la llegada de los europeos a nuestro continente. La “colectivización” que tanto espanta a estas personas, es la democratización de un sistema de explotación de recursos y de personas que ha estado en manos de los hacendados del pasado y de los intereses económicos del presente. 

 

Lula, desde siempre, ha representado la lucha por el ascenso de la clase trabajadora al poder y, por ende, una distribución de los capitales y los medios de producción más equitativa. ¿Lo ha logrado? De hecho, redujo en estos pocos años los niveles de pobreza en el país, a pesar de la resistencia desde dentro y fuera de Brasil que, en algún momento lo llevó a la cárcel, y ahora intervino a hurtadillas en la elección actual. Sin embargo, en esencia, el debate está precisamente en esa idea de colectivizar, de integrar, de reconocer en la alteridad a otras personas iguales que yo, con los mismos derechos y obligaciones, sin importar su color de piel, género, posición social o nivel educativo. Es, en palabras de la tía Eduviges, la más conservadora de todas las familias, no “hacer del indio, compadre”. Eso es, en buena medida, lo que está moviendo el voto a la ultraderecha… y claro, también la ignorancia.