“Cobardes morales”. Así se refirió Benjamín Netanyahu a los miembros de Naciones Unidas que abandonaron el recinto en protesta por su presencia. Lo vimos hablar prácticamente solo, escuchado por unos cuantos que, al parecer, están de acuerdo con su decir y accionar. ¿Ellos son “valientes morales”? ¿Lo es él? A todas luces, habló un primer ministro israelí (así, en minúsculas) enojado, escenificando un berrinche. Lo único que le faltó fue sacarle la lengua a los demás y decirles “al cabo que ni quería”. Berrinches aparte, lo que hizo introduce dos conceptos que vale la pena abordar: la cobardía y la moral. ¿De qué moral estamos hablando, de quién? ¿Qué es lo moralmente correcto? Y, frente a esas nociones, ¿cómo se puede ser valeroso o cobarde?
Me queda claro que, para Netanyahu, como para sus secuaces dentro y fuera de Israel, lo que hacen en Gaza, Cisjordania y Líbano ha sido y es moralmente correcto, aceptable, deseable y encomiable. Afortunadamente, para una creciente mayoría de personas a lo largo del globo, no sólo es moralmente incorrecto, sino que se trata de una de las peores prácticas que ha observado la humanidad: un genocidio.
Pero, seamos francos. El desdén del pleno de la ONU es una acción, si bien encomiable, sumamente tibia. Lo que ha venido sucediendo los últimos años en el mundo es “La indiferencia moral ante el genocidio en la Franja de Gaza”, como afirma Wilmer Casasola-Rivera en su artículo publicado en Hoy en el TEC. “¿Cómo hemos llegado a este estado de indiferencia moral? Cuando es el otro quien sufre, la compasión moral se diluye. El criterio moral solo sirve para juzgar los dilemas que ponen en riesgo nuestros propios intereses. Si miramos el sufrimiento, lo hacemos a través de lo impersonal, reduciéndolo a discusiones conceptuales. Observamos la historia para reconocer las atrocidades del pasado, pero ignoramos por completo las atrocidades del presente. Hablamos de genocidios como si fueran páginas históricas, mientras ignoramos el genocidio que tenemos frente a nuestros ojos”. Es de celebrarse que se salgan de la sesión, que la ONU haga pronunciamientos en contra de ese genocidio, todo ello es moralmente aceptable. ¿Valiente? No lo sé.
Valiente Francesca Albanese que desde el inicio ha denunciado el genocidio y ha pagado el precio siendo atacada por los “moralmente valientes” Israel, Estados Unidos y sus aliados sionistas y europeos. Valientes los miembros de la Corte Penal Internacional que también han sido atacados por esos mismos intereses. Valientes los médicos, enfermeros, voluntarios y periodistas, que arriesgan sus vidas para atender, apoyar y reportar lo que sucede en ese lugar.
Valientes esos actores, cantantes, artistas, activistas, entre muchos otros, que alzan la voz para denunciar, con todas sus letras, el genocidio. Valientes, finalmente, los cientos de miles de Palestinos que son víctimas de las decisiones tomadas por esos “valientes morales” y de sus brazos armados en ejércitos asesinos, colonos espurios, medios cómplices y una comunidad internacional que es un mudo testigo, indiferente ante estas atrocidades. Hay que decirlo: los cobardes inmorales son Netanyahu, Trump y toda esa caterva de empresarios y líderes políticos que, carroñeros, medran con la desgracia humana.