Una jornada electoral convulsa se vive en Brasil durante la segunda vuelta presidencial que enfrenta al mandatario Luiz Inácio Lula da Silva contra el senador opositor Flávio Bolsonaro.
Un fallo de última hora de la justicia electoral determinó la prórroga de dos horas en el horario de votación a nivel nacional, luego de que ambas campañas presentaran recursos de emergencia ante serias complicaciones en el traslado de votantes. La medida judicial fue emitida cuando ya había iniciado el conteo preliminar en algunas regiones, generando incertidumbre en centros de votación donde los paquetes electrónicos ya habían sido cerrados.
El presidente Lula da Silva denunció públicamente la reducción sistemática de autobuses urbanos en plazas clave como São Paulo y Salvador de Bahía, acusando a empresarios y alcaldes de oposición de intentar inhibir el voto de los sectores populares.
Las denuncias escalaron al punto de que un juez ordenó el arresto del secretario de Movilidad de Salvador por el bloqueo de decenas de unidades públicas. Por su parte, el equipo de Flávio Bolsonaro argumentó que la extensión era indispensable debido a los severos temporales, inundaciones y deslaves que han paralizado vialidades en estados del sur como Paraná y Santa Catarina.
El conflicto por el flujo de votantes reabrió viejas fracturas políticas en el país sudamericano. El mandatario izquierdista advirtió que solicitará la detención de las autoridades municipales que hayan recortado las frecuencias de paso del transporte público, señalando que tan solo en São Paulo la flota circulante se redujo cerca de un 40 por ciento en zonas con alto padrón electoral.
Mientras las autoridades judiciales intentan coordinar la recepción de votos en medio de la confusión técnica creada por la reapertura de casillas, la jornada concluye bajo un clima de alta polarización política y vigilancia institucional sobre las garantías para el ejercicio del voto.