La combinación de escasez de agua, marginación social y falta de oportunidades económicas ha convertido a 32 municipios de Puebla en territorios donde la migración dejó de ser una decisión voluntaria para transformarse en una estrategia de supervivencia, concluye una investigación realizada por académicos de la Universidad Iberoamericana Puebla.

El estudio "Marginación y migración: ensayando la interacción con el estrés hídrico en Puebla", elaborado por los investigadores Miguel Ángel Corona Jiménez y Jerónimo Chavarría Hernández y publicado por el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), advierte que el deterioro ambiental y la exclusión social están acelerando procesos de desplazamiento forzado, principalmente en las regiones de la Sierra Negra, Sierra Norte y Mixteca poblana.

Los especialistas señalaron que la presión sobre los recursos hídricos ya no representa únicamente un problema ambiental, sino que afecta directamente la economía de las comunidades al debilitar las actividades productivas, especialmente la agricultura, reducir los ingresos familiares y limitar las posibilidades de permanecer en sus lugares de origen.

El documento sostiene que la marginación intensifica este escenario debido a las carencias históricas en infraestructura, servicios públicos y atención institucional, factores que reducen la capacidad de las comunidades para enfrentar las sequías, la sobreexplotación de los acuíferos y los efectos del cambio climático. "La marginación no se entiende solo como pobreza, sino como una forma estructural de exclusión territorial que condiciona la vida cotidiana y debilita la resiliencia comunitaria", señala la investigación.

El análisis identificó 32 municipios donde coinciden altos niveles de estrés hídrico, marginación y migración, aunque destacó a 15 demarcaciones con una condición de triple vulnerabilidad socioambiental.

Entre ellas se encuentran Juan Galindo, Huauchinango, Zaragoza, Yaonáhuac, Xicotepec, Teteles de Ávila Castillo, Ahuazotepec, Zacatlán y Teziutlán. Asimismo, Nauzontla, Atempan, Hueyapan, Zapotitlán de Méndez, Tetela de Ocampo y Tuzamapan de Galeana fueron clasificados con altos niveles de vulnerabilidad, al combinar escasez de agua, elevados índices de pobreza y una importante expulsión de población.

Para medir la intensidad migratoria, los investigadores utilizaron indicadores del Consejo Nacional de Población (Conapo), que consideran variables como hogares que reciben remesas, familias con integrantes que regresaron de Estados Unidos y personas con movilidad laboral internacional.

Bajo esa metodología, Ahuazotepec registró un índice de intensidad migratoria de 64.9%; Xicotepec y Nauzontla alcanzaron 64.7%; Juan Galindo y Yaonáhuac 64.6%; Zacatlán 64.5%; Tetela de Ocampo 64.4%; Huauchinango 64.3%; Teteles de Ávila Castillo y Atempan 64.2%; mientras que Teziutlán e Ixtepec reportaron 64.1%. Por su parte, Zapotitlán de Méndez registró 65%; Tuzamapan de Galeana 64.7%; Zaragoza 63.7% y Hueyapan 60.6%.

Los autores explicaron que Puebla posee una ubicación estratégica al encontrarse en la confluencia de cuatro regiones hidrológicas —Pánuco, Tuxpan-Nautla, Papaloapan y Balsas—, condición que históricamente permitió una amplia disponibilidad de agua para consumo humano, actividades agrícolas e industriales.

No obstante, durante las últimas dos décadas la sobreexplotación de acuíferos, la expansión de actividades productivas y los efectos del cambio climático han reducido la disponibilidad del recurso, incrementando el riesgo de escasez en distintas regiones del estado.

Según el estudio, cuando el acceso al agua se vuelve insuficiente también disminuye la productividad agrícola, se deteriora la economía familiar y aumenta la migración como mecanismo de adaptación. Los investigadores advirtieron que atender por separado la escasez de agua, la pobreza o la migración resulta insuficiente, debido a que estos fenómenos responden a procesos estructurales de exclusión territorial.

Por ello, recomendaron implementar políticas públicas integrales que combinen la gestión sostenible del agua, la reducción de la marginación, la adaptación al cambio climático y la generación de oportunidades económicas.

Entre sus propuestas destacan la creación de sistemas de alerta territorial que integren información climática, hídrica y social para anticipar procesos de desplazamiento, así como nuevos esquemas de gobernanza que reconozcan la movilidad poblacional como parte de las estrategias de adaptación frente a los efectos del cambio climático.