El presidente de China, Xi Jinping, llegó este miércoles a Washington para iniciar una visita de Estado de tres días, la primera a Estados Unidos en más de una década, durante la cual se reunirá con el presidente Donald Trump en un intento por mantener abiertos los canales de diálogo entre las dos principales potencias económicas y militares del mundo.

Xi permanecerá en Estados Unidos hasta el 25 de septiembre, después de aterrizar en la base aérea de Joint Base Andrews, en Maryland. Trump acudió personalmente a recibirlo a pie de pista, un gesto diplomático poco habitual para un mandatario estadounidense y que formó parte del protocolo especial preparado para la visita.

La Casa Blanca confirmó que el encuentro entre ambos presidentes tendrá lugar este jueves 24 de septiembre, cuando Trump y la primera dama, Melania Trump, encabezarán la ceremonia oficial de bienvenida para Xi y su esposa, Peng Liyuan. Por la noche se realizará una cena de Estado en la Casa Blanca.

Se trata de la primera visita de Xi a la Casa Blanca desde 2015, cuando fue recibido por el entonces presidente Barack Obama. También será el tercer encuentro presencial entre Xi y Trump desde el regreso del mandatario estadounidense a la Casa Blanca, después de sus reuniones en octubre de 2025, en Corea del Sur, y en mayo de 2026, en Pekín.

La reunión llega en un momento de relativa distensión comercial, pero con diferencias pendientes entre Washington y Pekín en materia de tecnología, minerales estratégicos, Taiwán y la relación de China con Irán.

Uno de los asuntos centrales será la tregua arancelaria entre ambos países, cuyo actual acuerdo tiene como fecha de vencimiento el 10 de noviembre. Estados Unidos busca avances en materia de comercio, mientras China pretende mantener un entorno comercial más estable y reducir algunas de las restricciones que afectan sus exportaciones y acceso a tecnología estadounidense.

La inteligencia artificial también ocupará un lugar relevante. Washington y Pekín mantienen una fuerte competencia por el desarrollo de esta tecnología, incluidos los semiconductores avanzados y las capacidades vinculadas con seguridad nacional. Ambos gobiernos han mostrado interés en discutir mecanismos para administrar los riesgos asociados con la IA, aunque persisten restricciones estadounidenses a la tecnología avanzada china.

Otro punto sensible será Taiwán. China considera a la isla parte de su territorio, mientras Estados Unidos mantiene compromisos de apoyo a su capacidad de defensa. Reuters señala que Pekín busca que Washington adopte una posición más explícita sobre la independencia de Taiwán, mientras que cualquier modificación de la política estadounidense podría generar nuevas tensiones con China y sus aliados en Asia.

La guerra entre Estados Unidos e Irán también forma parte de la agenda. China mantiene relaciones económicas y diplomáticas con Teherán y es un importante comprador de petróleo iraní. Washington, por su parte, busca que Pekín ejerza presión sobre Irán, aunque China no ha mostrado disposición a respaldar plenamente la estrategia estadounidense.

Antes de la llegada de Xi, funcionarios de ambos gobiernos destacaron la necesidad de mantener el contacto directo pese a las diferencias. El Ministerio de Exteriores chino señaló que la visita busca fortalecer el diálogo, gestionar las diferencias y ampliar la cooperación entre ambos países. Reuters reportó que Pekín considera la visita una oportunidad para mantener una relación estable y evitar una nueva escalada comercial.

El programa oficial contempla además actividades ceremoniales. Melania Trump y Peng Liyuan visitarán el Smithsonian National Museum of Asian Art, mientras que el jueves por la noche se celebrará la cena de Estado en la Casa Blanca.

El viernes 25, último día de la visita, Trump y Xi acudirán a los Archivos Nacionales de Estados Unidos, donde se encuentran documentos históricos como la Constitución y la Declaración de Independencia, antes de la despedida oficial del mandatario chino.

Aunque existen expectativas sobre posibles acuerdos comerciales, tecnológicos o relacionados con otros conflictos internacionales, el encuentro se produce principalmente bajo el objetivo declarado de administrar las diferencias y preservar la comunicación directa entre Washington y Pekín. Analistas consultados por medios internacionales no esperan necesariamente un gran acuerdo, sino avances puntuales en algunos de los asuntos que mantienen tensionada la relación bilateral.