Con más de mil hectáreas sembradas y una producción proyectada que supera las 9,600 toneladas de flor de corte, Puebla se ratificó como el gigante de la floricultura nacional de cara a las festividades de Día de Muertos, de acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Rural (SDR).

Así lo confirmó su titular, Ana Laura Altamirano Pérez, quien reveló que la entidad aporta siete de cada diez flores de cempasúchil que se comercializan en todo el país, consolidando un sector que genera una derrama global superior a los mil millones de pesos anuales para la economía rural poblana.

El crecimiento de la actividad registra números récord en el segmento de maceta en municipios como Atlixco, el cual pasó de producir apenas 5 mil unidades hace una década a alcanzar un volumen de 2.5 millones de macetas híbridas no transgénicas en este 2026. A la par, el corte de flor en campo —iniciado formalmente a mediados de este mes en regiones como la zona de los volcanes y el Valle de Atlixco— abastecerá a compradores mayoristas procedentes de hasta 15 estados de la República, dinamizando el empleo agrícola con más de 13 mil plazas directas e indirectas durante la temporada.

A pesar del impulso comercial, productores de Atlixco, Tianguismanalco, Huaquechula, Huejotzingo y Palmar de Bravo han tenido que sortear afectaciones por el cambio climático y temporales atípicos de lluvia y viento. Al respecto, la subsecretaria de la dependencia, Ana Sharei Eulogio Aguilar, informó que se activó el programa de Atención a Contingencias para respaldar a cerca de 200 floricultores cuyos cultivos sufrieron siniestros recientes en la franja del Izta-Popo.

Para facilitar el abasto y el trato directo sin intermediarios, la SDR confirmó que el próximo 25 de octubre abrirá formalmente la temporada de comercialización en el Mercado de Santa Rita en Atlixco. Mientras el precio de la maleta se ubica en un promedio inicial de 115 pesos en campo —sujeto a las fluctuaciones de la oferta y la demanda—, las autoridades estatales hicieron un llamado a la ciudadanía a consumir la producción local de cempasúchil, terciopelo, nube y gladiola para garantizar el flujo de recursos hacia las familias campesinas.