María del Carmen Abascal, conocida como Maricarmen, murió este miércoles a los 87 años en el Hospital Gregorio Marañón, en Madrid, después de haber sido desalojada de la vivienda en la que vivió durante siete décadas. Su caso se convirtió en el centro de una movilización social contra los desahucios y en un símbolo de la defensa del derecho a una vivienda digna en España.
El Sindicato de Inquilinas confirmó su fallecimiento mediante un comunicado firmado también por su familia y su abogada. Maricarmen permanecía hospitalizada desde el desalojo, ocurrido el 23 de septiembre, cuando una comisión judicial ejecutó la orden para que abandonara su departamento en el barrio de Retiro.
La mujer había vivido en ese inmueble desde 1956, cuando su padre alquiló la vivienda. Allí residió junto con sus padres y su hermano y permaneció hasta los 87 años.
Durante décadas mantuvo un contrato de renta antigua y, según relataba, nunca dejó de pagar el alquiler ni las facturas, con un gasto mensual cercano a 500 euros. Sin embargo, en 2020 los propietarios le comunicaron que debía abandonar el departamento debido a que el contrato había sido subrogado en dos ocasiones.
Desde entonces enfrentó varios intentos de desalojo. Las propuestas para que permaneciera en la vivienda no prosperaron: la empresa propietaria planteaba un nuevo alquiler de 1.600 euros, una cantidad que no podía asumir con su pensión de aproximadamente 1.400 euros. También se planteó la posibilidad de comprar el inmueble.
Maricarmen había trabajado durante 34 años como secretaria del consejo de administración de una empresa farmacéutica. Estudió taquimecanografía y secretariado y se jubiló en 1998. Tras dejar el trabajo, mantuvo una vida vinculada a su barrio y a su casa. Paseaba, hacía sus compras habituales y conservaba pinturas, porcelanas, fotografías familiares y objetos de colección que acumuló durante décadas.
La vivienda también guardaba los recuerdos de sus padres. Su padre murió en 1960 y su madre falleció en 2005, ambos en ese mismo departamento. Por eso, durante los últimos años de su batalla legal, Maricarmen insistió en que no estaba defendiendo únicamente un inmueble, sino el lugar donde había transcurrido prácticamente toda su vida.
En sus últimos meses su estado físico se deterioró. Utilizaba silla de ruedas, necesitaba ayuda para realizar actividades cotidianas y había perdido masa muscular. Poco antes del desalojo reconocía que el proceso había afectado profundamente su salud.
La salida de Maricarmen de su vivienda desencadenó una movilización que fue creciendo en Madrid y posteriormente se extendió a otras ciudades españolas. Activistas instalaron acampadas y realizaron manifestaciones para exigir que pudiera regresar a su casa. La presión social consiguió que la empresa propietaria aceptara finalmente negociar un nuevo contrato de alquiler.
El acuerdo llegó después del desalojo y contemplaba la posibilidad de que Maricarmen regresara a la vivienda una vez que recibiera el alta hospitalaria. Sin embargo, su estado de salud se había deteriorado considerablemente y ya no pudo volver a casa.
El Sindicato de Inquilinas calificó el acuerdo como un hecho histórico, al considerar que una persona desalojada estuvo cerca de recuperar su vivienda como resultado de la presión social. Durante las movilizaciones, el nombre de Maricarmen se convirtió en una consigna. “Todos somos Maricarmen” apareció en carteles y camisetas, mientras miles de personas compartían sus mensajes desde el hospital.
Incluso después del desalojo, cuando permanecía internada y debilitada, pidió a los manifestantes que continuaran con las protestas y defendieran su derecho a la vivienda. Su historia también trascendió las fronteras de España y convirtió a Maricarmen en un referente de los movimientos que cuestionan los desahucios y reclaman condiciones de vivienda dignas.
Ella misma resumía su posición con una frase que repetía durante sus últimos días: “Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro”. Su último deseo era regresar a la habitación donde había vivido durante 71 años y donde murieron sus padres. También quería descansar algún día en el mar Cantábrico.
Tras su muerte, el Sindicato de Inquilinas aseguró que conservará su ejemplo y continuará con la lucha que Maricarmen convirtió en una causa colectiva.
Muere Maricarmen Abascal, símbolo de la lucha contra los desahucios en España
“Seguid luchando por lo que es vuestro.” - Fallece Maricarmen a los 87 años.
Etiquetas: