Mientras Morena acelera el destape de sus apuestas para las elecciones de 2027, sus aliados han optado por analizar con mayor cautela si competirán o no en coalición en algunas entidades. En la mayoría de los 17 estados que estarán en disputa el próximo año, Morena, el Partido Verde y el Partido del Trabajo mantendrán su alianza, pero en otros cada fuerza política evalúa por separado el escenario electoral.

Los dirigentes de los partidos aliados rechazan que exista una ruptura o una rebelión contra Morena, aunque reconocen que también están realizando cálculos electorales.

La coalición que desde 2019 ha convertido a Morena, Verde y PT en una fuerza electoral con presencia nacional llega a 2027 con una pregunta que hasta ahora había sido aplazada: ¿hasta dónde les conviene continuar juntos?

Morena decidió realizar el primer movimiento, impulsado por el efecto político de Sinaloa y por el conflicto generado tras el momentáneo regreso de Rubén Rocha a la gubernatura. Las consecuencias de ese episodio político en el norte del país todavía no alcanzan directamente a sus aliados, quienes han decidido analizar con detenimiento si se sumarán al proyecto morenista en algunas entidades.

El partido guinda adelantó este martes la carrera electoral al presentar a sus primeros coordinadores estatales de Defensa de la Cuarta Transformación en Aguascalientes, Campeche y Colima: Nora Ruvalcaba, Pablo Gutiérrez Lazarus y Rosa Bayardo, respectivamente. En los hechos, se trata de las primeras cartas de Morena para las gubernaturas de 2027.

El anuncio ocurrió antes del inicio formal del proceso electoral, previsto para el 10 de septiembre, y en medio de la presión política que enfrenta Morena por el caso Sinaloa.

De esta primera triada, el Partido Verde decidió tomar distancia por ahora. En Campeche y Colima se analiza qué decisión puede fortalecer al partido, mientras que desde hace meses al menos ocho estados aparecen entre las entidades donde el Verde contempla competir por separado.

En junio, Morena, Verde y PT intentaron mostrar unidad. Los tres partidos unificaron convocatorias, abrieron simultáneamente el registro de aspirantes para las 17 gubernaturas en disputa y acordaron un mecanismo de encuestas. Sin embargo, también dejaron abierta la posibilidad de que las alianzas estatales se definieran posteriormente.

Ese momento ha llegado. El Partido Verde analiza competir por separado en entidades como Colima, Campeche, Querétaro, Chihuahua y, probablemente, San Luis Potosí.

En este último estado, la regla contra el nepotismo que Morena aplicará por instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum marca distancia entre ambos partidos. El Verde tiene como carta fuerte a Ruth González, esposa del gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo. La entidad se ha convertido desde hace meses en uno de los principales escenarios para medir la posibilidad de una candidatura verde sin Morena.

Arturo Escobar, coordinador nacional electoral del Partido Verde, ha defendido la autonomía de esa fuerza política para definir sus propias candidaturas. Aunque el partido participó en el mecanismo impulsado por Morena, nunca cedió a la dirigencia morenista el control de sus decisiones.

Un ejemplo es Chihuahua, donde Escobar ha condicionado una eventual coalición con Morena a que el candidato sea Cruz Pérez Cuéllar. De no cumplirse esa condición, el Verde ha planteado competir por separado.

Una situación similar ocurre en Colima y Querétaro, donde el Verde ha colocado nombres propios sobre la mesa y analiza si la suma de sus votos con Morena resulta más conveniente que la posibilidad de competir o negociar mediante una candidatura propia.

En Colima, Virgilio Mendoza ha manifestado su intención de competir por el Verde, mientras que en Querétaro aparece Ricardo Astudillo. Rosa Bayardo ya fue designada por Morena como coordinadora estatal, pero incluso ella reconoció este martes que las negociaciones con el PT y el Verde continúan. Es decir, Morena ya tiene una carta definida, pero los partidos de la coalición todavía no cuentan con una candidatura común.

Por su parte, el PT ha comenzado una ruta similar. El dirigente nacional del partido, Alberto Anaya, se adelantó y la noche del lunes destapó a la senadora Geovanna Bañuelos como su candidata a la gubernatura de Zacatecas.

Bañuelos también ha advertido que la coalición con Morena y Verde podría descarrilarse si no existen condiciones para impulsar una candidatura que represente los intereses del petismo.

El PT nunca ha gobernado un estado mediante una candidatura propia. Zacatecas podría convertirse en el experimento que modifique esa dependencia histórica de Morena. La tarde-noche de este martes, la dirigencia petista sostuvo una reunión con liderazgos nacionales para definir su ruta electoral.

La elección del próximo año no solo pondrá en juego 17 gubernaturas, sino también la mayoría del Congreso y cientos de cargos locales. Los resultados permitirán medir el peso de cada partido dentro del oficialismo de cara a 2030, cuando la elección presidencial vuelva a colocarse en el horizonte político.

Morena parte con una ventaja evidente: es el partido en el poder y la fuerza dominante de la coalición. Sin embargo, sus aliados también cuentan con estructuras propias y representan una cantidad importante de votos.

El Verde busca llegar a 2030 con mayor presencia territorial y capacidad de negociación. El PT, por su parte, pretende conquistar un gobierno estatal. Morena necesita evitar que esas aspiraciones se traduzcan en votos desperdiciados o, incluso, en derrotas provocadas por la división, como ocurrió en 2021, cuando perdió la mayoría en el Congreso y varias alcaldías.

Con este escenario, la tensión dentro del bloque oficialista resulta inevitable. A pocos días del inicio formal del proceso electoral, cada partido realiza sus propios cálculos con base en sus números, estructuras y aspiraciones. Y esas cuentas no necesariamente coinciden con las de Morena.

Donde los tres partidos sean claramente competitivos, existirán incentivos para cerrar filas. Pero donde el Verde o el PT tengan candidatos con posibilidades de obtener más votos por separado que en una coalición, las negociaciones serán más complicadas.

Y en aquellos estados donde alguno de los aliados considere que tiene posibilidades reales de ganar por cuenta propia, la tentación de romper la alianza será todavía mayor.