En México, 8 de cada 10 personas han reducido algún gasto en alimentos o retrasado o evitado atención médica durante el último año para poder pagar su vivienda, de acuerdo con el informe global Un hogar, pero ¿a qué costo?, elaborado por Hábitat para la Humanidad Internacional.
La proporción, equivalente a 80%, supera el promedio mundial de 75% reportado por el estudio, que recopiló las experiencias de 30,758 personas en 22 países mediante encuestas representativas realizadas entre abril y junio de 2026.
Los resultados muestran que el costo de conservar una vivienda no se limita al pago de renta, hipoteca o servicios, sino que también puede traducirse en sacrificios en otros aspectos de la economía familiar y en el bienestar.
En el caso mexicano, el estudio señala que 81% de las personas encuestadas espera que su situación habitacional mejore durante los próximos tres años. Sin embargo, 56% considera que un imprevisto podría poner en riesgo su capacidad para conservar su hogar.
El informe también muestra que las familias recurren a distintas estrategias para hacer frente a los costos asociados con su vivienda. En México, 36% de las personas encuestadas afirmó haber utilizado sus ahorros o fondos de emergencia, mientras que 34% señaló haber asumido un trabajo adicional para mantener su estabilidad habitacional.
A nivel global, el panorama también refleja esta presión: 75% de las personas consultadas dijo haber reducido al menos un gasto durante el último año para cubrir los costos de vivienda; 33% disminuyó sus gastos en alimentos, 32% utilizó ahorros o fondos de emergencia y 13% retrasó o evitó atención médica.
El estudio advierte que estos sacrificios son mayores entre los sectores con mayor vulnerabilidad habitacional. A nivel global, la proporción de personas que redujo algún gasto llega a 89% entre quienes viven en condiciones informales y a 85% entre los hogares de menores ingresos.
Otro de los aspectos señalados durante la presentación del informe en México fue la importancia de la autoproducción de vivienda. Según los datos expuestos por Hábitat para la Humanidad México, alrededor de 57.3% de las viviendas del país son de autoproducción, es decir, fueron construidas por las propias familias, frecuentemente sin asistencia técnica o financiamiento formal.
La organización señala que este proceso puede prolongarse durante aproximadamente dos décadas hasta que una vivienda queda consolidada. Un estudio previo de Hábitat para la Humanidad sobre la construcción progresiva en México también documenta la magnitud de este fenómeno: de alrededor de 44 millones de viviendas existentes en el país, casi 28 millones fueron construidas de manera progresiva.
Aunque el estrés relacionado con la vivienda reportado en México se ubicó por debajo del promedio global señalado en el estudio, persisten problemas relacionados con las condiciones físicas de los hogares.
En México, 37% de las personas encuestadas reportó problemas como humedad, moho u otras condiciones consideradas poco saludables, frente a 23% en el conjunto de países participantes.
El factor climático también representa un desafío. A nivel global, 18% de las personas encuestadas considera que su vivienda no las protege adecuadamente frente a fenómenos meteorológicos extremos, como calor, frío o inundaciones. En México, 33% considera que estos fenómenos harán más difícil vivir en el lugar donde reside durante los próximos tres años.
El informe de Hábitat para la Humanidad concluye que la presión habitacional tiene efectos que van más allá de la capacidad de pagar una vivienda, al incidir en la salud, las finanzas, la seguridad, la estabilidad y las decisiones que las personas pueden tomar sobre su futuro.