Cientos de cineastas, académicos y figuras de la cultura en Israel han firmado una petición abierta en respaldo a Yuval Abraham y Rachel Szor, directores del documental Naza, en respuesta a una violenta campaña de incitación que —advierten— ha puesto en riesgo la integridad de los realizadores.

La controversia escaló tras la presentación del filme en el Festival de Venecia —donde obtuvo el Premio Especial del Jurado— y las posteriores declaraciones del ministro de Cultura, Miki Zohar, quien solicitó revocar la ciudadanía israelí a los creadores por considerar que "traicionaron al país".

A las críticas se sumó el primer ministro Benjamín Netanyahu, acusando a la producción de incitar al "odio antisemita", mientras que el Foro de Documentales de Israel y el Sindicato de Directores condenaron la embestida gubernamental y exigieron garantizar la libertad de expresión.

El documental —filmado desde los techos de Tel Aviv— reúne los testimonios de 24 efectivos y veteranos de la Unidad 8200 de Inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). En él, los uniformados detallan el uso de sistemas de inteligencia artificial para la selección de objetivos y critican los márgenes de daños colaterales en la Franja de Gaza, señalando que las operaciones permitían el bombardeo de viviendas aún a sabiendas de la presencia de civiles.

Pese al rechazo frontal del Estado Mayor israelí a los señalamientos, el movimiento Hamás solicitó una investigación internacional con base en los testimonios. Por su parte, la comunidad artística instó a la pronta distribución de la cinta en salas locales para propiciar un debate público abierto sobre las consecuencias del conflicto.