Una ola de violencia e indignación social se apoderó de Francia este sábado tras escalar una movilización nacional originada por protestas estudiantiles contra el deterioro de la educación pública y el alza en el costo de vida. 

Entre 550 mil y 800 mil personas tomaron las calles en las principales metrópolis del país, en una jornada catalogada por medios locales como un "día de furia" que derivó en saqueos, enfrentamientos con las fuerzas del orden y ataques a inmuebles públicos. 

El saldo provisional reportado por el Ministerio del Interior supera los 400 detenidos y más de un centenar de policías heridos.

Los focos de mayor tensión se concentraron en Limoges, donde un incendio provocado consumió dos terceras partes del edificio del Ayuntamiento, y en Marsella, donde se registraron saqueos y ataques a comisarías con un balance de 107 agentes lesionados. En París, Lyon, Lille y Caen, grupos de personas enmascaradas causaron destrozos en oficinas de turismo y comercios, forzando el despliegue masivo de gases lacrimógenos por parte de la policía. 

El conflicto escaló en un contexto de polarización política de cara a las elecciones presidenciales de 2027, provocando acusaciones cruzadas entre el Ejecutivo de Emmanuel Macron, el partido opositor de izquierda La Francia Insumisa y sectores de la extrema derecha.

Frente a la escalada de violencia en las calles, el presidente Emmanuel Macron aseguró en redes sociales que "todos nos mantendremos unidos frente a los sembradores del caos" y advirtió que quienes atacaron comercios y ayuntamientos serán procesados y castigados. Por su parte, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, responsabilizó directamente a la "extrema izquierda" de incitar a la revuelta. 

En contraste, el líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon acusó al gobierno de provocar el caos y minimizar las demandas pacíficas de las familias y jóvenes movilizados.

Pese a las mesas de diálogo entabladas por el Ministerio de Educación con los gremios estudiantiles, la falta de acuerdos sobre el incremento del presupuesto educativo mantiene en vilo la estabilidad operativa en los colegios de la periferia francesa.