El cambio climático y la mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos están modificando la manera en que la industria turística planea sus inversiones, construye hoteles y calcula sus costos de operación.
Las inundaciones que afectaron al sur de Brasil en 2024 y el impacto del huracán Otis en Guerrero un año antes son dos ejemplos de cómo los eventos climáticos pueden provocar daños importantes en infraestructura turística y obligar a replantear la manera en que se desarrollan nuevos proyectos.
UNAM
Antonietta Varlese, vicepresidenta senior de Sostenibilidad de Accor Américas, explicó que la compañía trabaja con inversionistas desde las primeras etapas de los proyectos para analizar factores como la ubicación, la exposición a fenómenos naturales y la disponibilidad futura de agua. “Justo cuando estamos escuchando mucho de El Niño, hace dos años en Brasil, casi toda nuestra operación en el sur se quedó cerrada por más de tres meses a causa de las lluvias”, señaló.
México también se encuentra expuesto a fenómenos que pueden afectar directamente al turismo. Para la temporada de frentes fríos 2026-2027, la Comisión Nacional del Agua pronostica la llegada de 56 sistemas frontales, por encima del promedio climatológico de 50. El organismo señala además que el fenómeno de El Niño podría alcanzar una intensidad fuerte hacia finales de 2026 y favorecer una mayor frecuencia de frentes fríos durante el invierno.
El impacto no se limita a las lluvias, inundaciones o ciclones. En el Caribe mexicano, el sargazo se convirtió en uno de los principales problemas para la actividad turística durante 2026.
Un análisis difundido por la UNAM estimó que alrededor de 90,538 toneladas de sargazo recorren diariamente el Caribe mexicano, mientras que aproximadamente 10% de ese volumen llega a las costas de Quintana Roo. En los periodos de mayor presencia, el recale en las playas quintanarroenses alcanza unas 9,054 toneladas diarias.
El fenómeno también tiene consecuencias económicas para las empresas turísticas. La Concanaco Servytur informó que la llegada masiva de sargazo ya provocó la cancelación de al menos 10 mil reservaciones para bodas y que los hoteles destinan más de 150 millones de dólares anuales a labores de limpieza.
El problema representa un gasto adicional para hoteles y restaurantes, pero también puede afectar otros negocios vinculados con el turismo, desde el transporte hasta los servicios para eventos. La magnitud del fenómeno ha llevado a las autoridades y al sector privado a buscar alternativas para reducir sus efectos y mantener el atractivo de las playas del Caribe mexicano.
Ante este escenario, la sustentabilidad dejó de ser únicamente un elemento relacionado con la imagen de las empresas y comenzó a incorporarse a las decisiones financieras de la industria hotelera. Antes de desarrollar un proyecto, los inversionistas evalúan factores como la cercanía con el mar, disponibilidad de agua, exposición a inundaciones y otros riesgos que podrían afectar la operación del establecimiento en el futuro.
La reducción del consumo de agua y electricidad, así como del desperdicio de alimentos y plásticos, también forma parte de esta estrategia porque permite disminuir costos y reducir la vulnerabilidad de los establecimientos ante posibles restricciones de recursos.
Accor señala que trabaja para reducir el desperdicio de alimentos hasta en 60% y ampliar las alternativas de alimentación basada en plantas. La empresa opera 37 hoteles en México y señala que cerca de la mitad cuenta con certificaciones de terceros relacionadas con sostenibilidad y diversidad.
La relevancia económica del sector explica por qué estos riesgos tienen un impacto que va más allá de los propios hoteles. De acuerdo con la Cuenta Satélite del Turismo de México 2024 del Inegi, las actividades turísticas representaron 8.7% de la economía nacional durante ese año, con un PIB turístico de 2.71 billones de pesos. Además, generaron 2.9 millones de puestos de trabajo remunerados.
Al mismo tiempo, el turismo contribuye a las emisiones globales de gases de efecto invernadero, por lo que enfrenta el doble desafío de reducir su propia huella ambiental y prepararse para las consecuencias del cambio climático.
Las preferencias de los viajeros también están cambiando. Una investigación citada por Accor señala que 83% de las personas considera importante viajar de manera sostenible, mientras que 43% estaría dispuesto a pagar más por alternativas consideradas ecológicas.
Para las empresas turísticas, la sostenibilidad se convierte así en una cuestión que involucra tanto la demanda de los viajeros como la viabilidad económica de sus operaciones. Los fenómenos extremos ya no representan únicamente una amenaza ambiental para el turismo: también implican cierres de hoteles, daños a infraestructura, mayores costos de operación y cancelaciones de reservaciones.
El desafío para la industria será incorporar esos riesgos desde la planeación de cada nuevo proyecto y desarrollar instalaciones capaces de mantener sus operaciones frente a un escenario climático cada vez más cambiante.
Cambio climático golpea al turismo en México: hoteles enfrentan nuevos riesgos
Hoteles, restaurantes y otros negocios mexicanos enfrentan mayores gastos y la necesidad de adaptar sus operaciones ante el cambio climático.
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