Alteridades | Dignidad humana
Quien lea esto probablemente se ha preguntado qué es lo que nos hace ser seres humanos, qué es lo que nos constituye. Para el filósofo ruso Mijail Bajtín, al hablar de la relación que guardamos entre nosotros y los otros y el reconocimiento a partir de la corporalidad propia, nos dice que el “cuerpo le es dado al propio hombre, mientras que el cuerpo exterior del otro es apenas planteado, y debe ser creado por la propia persona”, esto quiere decir que nosotros existimos y tenemos conciencia de ello al sentirnos, al vernos al espejo.
Sin embargo, los otros, las otras, les otres, existen “afuera” de nosotros y son, como lo pone Tatiana Buvnova al analizar este pasaje en la obra de Bajtín, un “algo que aparece como un deber ser, un propósito, una tarea” y, por lo que respecta a la creación, es “algo que es creado de nuevo, pero a partir de los elementos anteriores”, es decir, que existe en sí mismo, pero que, en relación con nosotros, es creado nuevamente, a partir de ese deber ser.
En palabras simples, existimos en principio, pero lo hacemos necesariamente en relación con las y los demás, que nos dan sentido, que nos completan. De hecho, nos comenta el filósofo ruso, que el espejo nos devuelve una idea preconcebida de nosotros, una idea que no necesariamente es nuestra, si no que es la conjunción de muchas otras más que nos han precedido y que nos permiten interpretar las formas que la imagen nos devuelve.
Hasta aquí, todo suena lógico, incluso deseable. Pero, es justo decirlo, la cosa se descompone cuando pensamos que esa persona que está enfrente de nosotros, no es ni siquiera un ser humano. Suena duro, incluso drástico, ¿no es así? Pero, desafortunadamente, es la realidad que viven millones de personas en el mundo.
Por ello, se ha pensado en un concepto de importancia capital para todos: la dignidad humana. De acuerdo con una publicación de Viviana Paez Ochoa en la Gaceta del CCH, concebir “al ser humano en su ser y existencia como un ser autónomo adquiere una relevancia importante en la historia de la humanidad. (…) El concepto de dignidad humana deriva de esta visión intrínseca sobre lo que significa ser un ser humano, de hecho, esto concepto se refiere al valor personal, propio, específico e inalienable que poseen todas las personas independientemente de su origen, raza, género, creencias, posición social, etcétera”.
El ser humano, por su existencia misma, debe ser respetado. Se le debe prodigar un trato digno, tal como el que esperaríamos nosotros recibir. Nadie está esperando que, al relacionarse con alguien más, reciba malos tratos, insultos o descalificaciones. Entonces, ¿por qué maltratamos a los demás, que consideramos diferentes?
La dignidad humana es un valor que suena justo y fundamental, pero que, quizá por la forma en que hemos sido construidos, desde casa, desde la escuela y desde la sociedad misma en que vivimos, siempre en apego a una visión colonial, patriarcal, de clase y raza, es en verdad difícil de conseguir.
Para lograrlo, es necesario renunciar a ese sentido de superioridad que nos otorgamos, sea desde nuestro origen, nuestra religión, que creemos la única verdadera, o nuestra posición social y construir mi interioridad y externalidad, siguiendo a Bajtín, en conjunto con los demás. Si yo considero que tengo dignidad humana y que la merezco, entonces todo el orbe, incluidos los perversos, los que juzgan, los que descalifican, también la merecen. Es tan simple como eso… y, tan complicado.



