Alteridades | Generosidad
La mezquindad, relacionada con el egoísmo, la avaricia y el interés propio por sobre el de los demás, parece ser una constante en los días que corren. Se manifiesta desde lo macro, como aquellos embargos económicos, acuerdos leoninos entre naciones o abusos de poderosos sobre los débiles para obtener beneficios y recursos; lo vemos en lo local, con la usura de bancos y financieras o con el abuso mercantil del que somos objeto al no leer las letras pequeñas; lo vemos en lo micro, en la poca o nula solidaridad de los vecinos, en la pasividad de los transeúntes cuando vemos que se comete violencia, robo o injusticia, en el abuso al que se deje, por el simple hecho de poder.
Está ahí, para qué negarlo. Y, lo que es peor, hay quien no sólo la aplaude, también la considera como un valor a seguir.
Felizmente, existe una contraparte maravillosa y que suele expresar lo mejor de cualquiera de nosotros: la generosidad. Por supuesto, no se equivoca quien piense que se trata de algo en vías de extinción, una rareza; sin embargo, está ahí y se expresa de formas singulares. De acuerdo con una interesante investigación multidisciplinaria llamada “Proyecto de Generosidad Humana” de la que nos da noticia el portal Sapiens, tras “analizar diversas comunidades, Townsend y otros investigadores del Proyecto de Generosidad Humana han llegado a la conclusión de que el mundo no se divide entre sociedades generosas y egoístas. Más bien, la caridad y la reciprocidad están intrínsecamente ligadas a la civilización humana. Lo que varía es la combinación de estrategias de cooperación y de reparto de riesgos (como la contabilidad, las transferencias basadas en la necesidad o los seguros de mercado), y es probable que las sociedades se beneficien al combinarlas”.
De acuerdo con el estudio, la “contabilidad” se refiere al dar cuando se espera recibir algo a cambio; la “transferencia basada en necesidades”, al apoyo en momentos difíciles, como huracanes, sequías o terremotos, sabiendo que el mismo apoyo vendrá cuando nosotros lo suframos; los “seguros de mercado” se refieren a la práctica de asegurar a través de compañías específicas para, de darse el caso de un siniestro, recibir una compensación que pueda servir.
De acuerdo con sus resultados, la “transferencia por necesidad” es la más eficaz para conservar recursos, el orden social y la vida. El dar sin esperar nada a cambio o sabiendo que la ayuda vendrá en momentos de necesidad, base de la generosidad, es una práctica fundamental en múltiples religiones o filosofías de vida (como el budismo) que llevan a cultivar el espíritu y a construir armonía en comunidad y llevan a la iluminación.
La generosidad brota en momentos difíciles, todos la hemos prodigado o la hemos recibido, no importa si se trata de dádivas o apoyos materiales o espirituales.
Es, como lo dije, una contraparte fundamental de la mezquindad y, por consiguiente, resulta incómoda para las oscuras elites políticas y económicas que, sea a través de la guerra, la expansión, el extractivismo o las supuestas leyes del mercado, buscan medrar económicamente, expandir sus territorios o imponer su hegemonía.
Por eso molestan las flotas pro-Palestina y por eso hay que humillarlas; por eso disgustan las y los defensores del medio ambiente y hay que desaparecerlos; por eso fastidian los que dan, sin esperar nada a cambio, producen sospecha y miedo. Por eso son humillados, vejados, ridiculizados y, eventualmente, eliminados.
Nuevamente, Ben- Gvir resulta ejemplo, no de virtud, sino de vicio, vileza y abyección. Por eso, es crucial reconocer y promover, que la generosidad, más que la mezquindad, ha hecho que el ser humano, desde su más temprana aparición en la tierra, sobreviva, crezca y viva… en comunidad.



