Alteridades | TERF
Hace unos días, una de mis alumnas de la BUAP me comentó que un perfil en Instagram de contenido feminista era muy “TERF” (Trans Excluyent Radical Feminism), que en español significaría feminismo radical trans-excluyente. Al investigar sobre el término, encontré el interesante artículo académico “El feminismo radical transexcluyente como parte de los movimientos antigénero”, escrito por Sofía Luciana Santillán Sosa y publicado en la revista Debate Feminista en 2026. Ahí se dice que este feminismo se sumó a las ideas reaccionarias que alertan sobre lo que mañosamente se ha denominado la “ideología de género”, surgidas primero de la iglesia católica y después de grupos evangelistas y que han ido obteniendo cada vez más espacio desde la segunda década de este siglo.
Como dice Santillán, lo “que se ha visto en los últimos años es un ataque frontal y directo contra uno de los sectores más vulnerables de la sociedad: las personas trans, un sector que apenas estaba empezando a visibilizarse por fuera del lente médico patologizador, y comenzaba a reclamar derechos de ciudadanía que históricamente les habían sido negados (Butler 2024)”.
A grandes rasgos, el feminismo TERF sostiene su repudio a las identidades trans por varias razones, pero principalmente, con el argumento de que las mujeres trans, en específico, usurpan el espacio femenino y se aprovechan de los logros obtenidos por el movimiento. “Actualmente las personas a que alude el acrónimo TERF -continúa Santillán- emiten discursos que no solamente las posicionan en contra de las mujeres trans, sino también (aunque con menos virulencia) contra los varones trans, a quienes suelen infantilizar cuando minimizan sus narrativas de vida y desconocen su identidad de género al considerarlos ‘mujeres lesbianas confundidas’, al sostener que son víctimas de un ‘lavado de cerebro’ y al presionarlos constantemente para que ‘detransicionen’”.
Seguramente quien lea esto recordará el movimiento encabezado y patrocinado por la ya tristemente célebre J.K. Rowling y que logró que la Corte Suprema de Reino Unido declarara que, según se reporta en una nota de la BBC de abril de 2025, “la definición de mujer debe basarse en el sexo biológico asignado en el nacimiento. (…) Esto significa que las mujeres transgénero –aunque cuenten con un certificado de reconocimiento de género (CRG)- no entran dentro de la definición legal de mujer, según la Ley de Igualdad del país”.
No existe un solo movimiento feminista; por el contrario, existen numerosas expresiones y se extiende largo en el pasado y se diversifica en el presente. Algo similar podríamos decir del movimiento LGTBIQ+. Es lógico que tras años de movilizaciones, acciones, estrategias, logros y derrotas, estos movimientos se vieran contaminados por aquello mismo que combaten.
Por más raro que parezca, existen homosexuales panistas, republicanos o populares, católicos/cristianos, ultra conservadores y que están en contra de la adopción por parejas del mismo sexo; también mujeres que marchan el 8 de marzo, pero que ocupan las estrategias como los tendederos, las pintas o las “funadas” en redes para lograr objetivos políticos o venganzas que poco ayudan al movimiento; también está lo que podemos denominar el feminismo blanco/ colonizador que discrimina por razones de raza o clase.
Que exista la vertiente TERF no deja de ser meramente lógico. Sin embargo, es un auténtico despropósito el hecho de exigir que pare la disciminación, discriminando a su vez. Después de todo, cisgénero, trans, no binarios, asexuales, tod@s som@s personas, con anhelos, deseos y sentimientos, pero, sobretodo, el derecho supremo de existir.



