Humo, masa y tradición; La Resurrección celebra su identidad en la Feria de la Gordita
El aroma a maíz recién nixtamalizado marcó el despertar de La Resurrección y, desde las seis de la mañana, en el atrio de la parroquia los comales encendieron la 16ª edición de la Feria de la Gordita, una celebración que, como dicta la tradición, reclama su lugar el miércoles posterior al domingo de Pascua.
Cerca de 50 cocineras tradicionales —algunas con herencia de cinco décadas frente al fuego— se encargaron de dar vida al platillo más emblemático de la junta auxiliar; este festival no es solo una vendimia masiva, es el momento en que su comunidad, una de las pocas que aún resguarda la lengua náhuatl en la capital, se posiciona con orgullo en el mapa de Puebla.
El desfile de sabores inició formalmente a las ocho de la mañana con la llegada del alcalde Pepe Chedraui, quien se sumó al festín entre salsas verdes, rojas y el característico queso desmoronado. El ambiente, lejos del protocolo rígido, se sintió como una gran mesa compartida donde el maíz, el frijol y el chile fueron los verdaderos protagonistas.
En su recorrido por los puestos, el edil destacó la necesidad de rescatar estas zonas del abandono y convertirlas en el corazón del turismo cultural, reconociendo que la esencia de Puebla late con fuerza en sus pueblos originarios.
Más allá del festín gastronómico, la feria sirvió como un recordatorio del patrimonio vivo que habita en las periferias de la ciudad. Familias enteras se congregaron para disfrutar de un legado gastronómico, que en La Resurrección se vive de forma cotidiana.



