Alteridades | Therians
Como nos dicen Stephen Houston y David Stuart en su artículo “El glifo way: evidencia de la existencia de “coesencias” entre los mayas del período Clásico”, disponible en el portal de Mesoweb, entre “los conceptos mesoamericanos más difundidos está el de un ‘espíritu acompañante’, un ser sobrenatural con el que una persona comparte su conciencia (…) De acuerdo con diversos informes etnográficos, grupos tan separados como los huicholes en México y los mayas en América Central creen en estos espíritus”. Esto, que entre los mayas yucatecos es el “way”, puede a veces tener las mismas características de un nagual entre las culturas nahuas del centro de nuestro país.
No es espacio este para abundar en el particular, pero es, básicamente, la noción de que todos tenemos “coesencias” en la naturaleza que suelen ser conceptualizados como animales -aunque, dicen los que saben que los naguales pueden proyectarse en fenómenos naturales como el viento o los relámpagos-. Dichas relaciones resultan temibles o sugerentes, dependiendo de los contextos y, para la cultura popular del presente, también se prestan a cotorreo. Después de todo, como dice el meme “¡qué ganas de ser un nagual!, sin deudas, sin estrés, puro cotorrear en el monte”.
Sí, suena interesante, místico, sin duda. Seguro tú que estás leyendo esto ya te imaginaste cuál quisieras que fuera tu coesencia y te proyectas en un jaguar, en un bonito colibrí o en un lobo. Pero ¿qué pasa cuando se trata de que alguien se sienta perro, gato o zorro? ¿Qué sucede si decide que vivirá su vida como alguno de estos animales? ¿Qué decimos si es que se considera un therian? ¡Pitorreo total! Claro que pensaremos que eso es una soberana estupidez. No obstante, creo que el tema, fuera de bromas, debiera tomarse más en serio.
Para empezar, es justo decir que ni creo que se trate de un problema psiquiátrico, ni que estos personajes llegan a estos extremos atacados por el “virus” woke y que ellos son síntoma de la decadencia de valores que supuestamente inocula. Esto no es más que la manera en que las ultraderechas aprovechan cualquier cosa para forzar sus discursos de odio y emponzoñar más y más mentes que de tan vacías son vulnerables.
En este mismo tenor, considero que tal simplificación perversa puede llegar incluso a equiparar esta cuestión con lo trans y no tiene nada que ver una cosa con la otra. “Transgénero – como nos dice la página de la American Psichological Association– es un término global que define a personas cuya identidad de género, expresión de género o conducta no se ajusta a aquella generalmente asociada con el sexo que se les asignó al nacer”.
Para una persona trans, el asumir una identidad y expresión de género distinta no sólo es algo pasajero o de moda, sino que implica una transformación total. Ya ocuparé otro espacio para hablar del particular. Por otro lado, lo “therian”, con todo y que debe ser respetado como una expresión válida como lo fueron fenómenos como los emos o los goth en su momento, no conlleva una transformación a ese nivel. La expansión mediática y viral que hemos tenido en últimas fechas, responde indudablemente a otros intereses y no en sí a esta comunidad.
En efecto, como se dice en el portal de Forbes, “El fracaso de las convocatorias ‘therian’, un término que existe desde hace décadas pero cuya viralidad se disparó en las últimas semanas, demuestra que el fenómeno que se alimentó en redes sociales y medios es, en realidad, una entelequia que ha servido para alimentar narrativas ultras y contra el colectivo LGTBI”.
Evidentemente buscaba distraer la atención de otros acontecimientos que sí debieran ser virales y estar en el centro de la discusión, como el genocidio en Gaza, Epstein, Trump y Andrew, Cuba y la amenaza de conflicto en Irán. Además, como lo conversaba con algunos amigos, qué tanto esto responde a la decepción que tienen muchos de estos jóvenes con el mundo que les ha tocado vivir, qué tanto quieren abandonar su condición humana y abrazar cualquier otra que les parezca más pura y más sana.
Como sea, es una llamada de atención para nosotros, para no dejarnos llevar por distracciones pueriles y para, de ser el caso, asumir, comprender y erradicar nuestros propios prejuicios y actitudes discriminatorias. Al final, todos nos disfrazamos de algo, asumimos roles y nos vestimos para representarlos. Y muchos otros, disfrazan sus perversiones, violencias y odios bajo fachadas moral y socialmente correctas y son infinitamente más peligrosos que los therians. El caso Epstein es el ejemplo más reciente de ello.




