Alteridades | Sin sorpresa
Hace unas semanas se descubrieron los supuestos nombres de los miembros de ICE que le dispararon al enfermero de Minneapolis, Alex Pretti, y causó sorpresa e indignación en las redes el hecho de que fueran de origen latino. También he visto videos de latinos que increpan a otros latinos que trabajan en ICE y les dicen que debería darles vergüenza.
¿En serio se sorprenden de que los latinos sean los que delatan, persiguen, capturan, vejan, encarcelan o deportan a otros latinos? Pues he de decir que, para mí, por el contrario, es algo perfectamente normal. No por el hecho de que se encuentren en otro país quiere decir que dejarán de lado su historia y las prácticas racistas y clasistas que han aprendido después de siglos de dominio colonial y su continuación por gobiernos independientes igualmente racistas, clasistas, patriarcales y homofóbicos.
¿Olvidamos que las ultraderechas han hecho y deshecho a su antojo en el continente sin mayor problema durante décadas? ¿Olvidamos las dictaduras, los escuadrones de la muerte, los genocidios indígenas cometidos en Guatemala y otras latitudes, las guardias blancas, grupos paramilitares, torturas, asesinatos, desapariciones? No por haber cruzado el río Bravo se adquieren solidaridad, humanidad, hermandad, por arte de magia, como si se cruzara una frontera de pureza y pulcritud.
Un latino conservador allá fue un (mexicano, ecuatoriano, cubano, venezolano, colombiano, etcétera) conservador de este lado. Si para ti, latino que estás allá -o acá, da lo mismo- te parece que lo que hace Bukele es encomiable; si tú coincides con la idea de que tus ancestros bajaron de los barcos, como dijo un presidente argentino hace tiempo; si piensas que Pinochet fue lo mejor que le pudo pasar al cono Sur; bueno, entonces no tendrás problema con que ICE violente los derechos de cualquiera pues seguro piensas y aseguras que se lo merecen.
Hasta que, desafortunadamente -porque tú también eres latino, aunque no cumplas con el estereotipo-, te toquen a la puerta, o te denuncien porque hablas en otra lengua con tus hijos o porque te gusta ver a las Chivas o porque te llegó un paquete con salsa Valentina a la casa o porque te pescaron cocinando arepas y te arresten por ello, mientras averiguan si eres legal o no y te den el susto de tu vida, entonces quizá -y quién sabe- a lo mejor tengas un ápice de empatía con esas personas que en tu país veías de arriba abajo.
No, no me causa sorpresa que se cumpla eso que dice el dicho, hoy muy desafortunado, “para que la cuña apriete, tiene que ser del mismo palo”. ¡Vaya árbol más conservador, racista y clasista de donde sacaron esa madera!
Vivimos tiempos complejos donde fantasmas del pasado vuelven para atormentarnos con sus mismos horrores. Acaso es que nunca se fueron y simplemente esperaban pacientes en nuestros armarios el momento de volver a mostrar sus sórdidas caras.
Es tiempo de reflexionar y de tomar partido, de repensarnos y decidir quiénes somos. No sea que terminemos siendo víctimas de eso mismo que pensamos para los demás.



