El socialista António José Seguro frena a la ultraderecha y gana la presidencia de Portugal
El candidato socialista António José Seguro logró una victoria contundente este domingo 8 de febrero en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Portugal, derrotando con el 66.31% de los votos al líder de la extrema derecha, André Ventura, quien obtuvo el 33.69%.
Con este resultado, la izquierda regresa al Palácio de Belém después de dos décadas de presidencias conservadoras. Seguro, un político de larga trayectoria que se mantuvo alejado del foco público por más de diez años, se presentó como la figura de consenso necesaria para estabilizar a un país que ha celebrado tres elecciones generales en apenas tres años.
La jornada electoral fue vista como un termómetro para medir el avance del populismo en Europa. André Ventura, líder del partido Chega (Basta), basó su campaña en un discurso agresivo contra la inmigración y el orden establecido. Aunque reconoció su derrota tras conocerse los sondeos, el haber llegado a la segunda vuelta marca un hito para su formación, que ya es la segunda fuerza en el parlamento luso.
Pese al avance de la ultraderecha en el legislativo, los votantes portugueses optaron por mantener la presidencia como una figura mediadora. En sus primeras declaraciones, Seguro elogió la “responsabilidad cívica” del pueblo portugués y su apego a los valores democráticos, posicionándose como un aliado para el gobierno minoritario de centroderecha que actualmente dirige el país.
Aunque en Portugal el presidente tiene funciones mayoritariamente simbólicas, posee facultades clave para la estabilidad nacional. El jefe de Estado tiene el poder de vetar leyes y, en casos extremos, activar la llamada “bomba atómica”: la capacidad de disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas.
António José Seguro asumirá el cargo en marzo, sustituyendo al conservador Marcelo Rebelo de Sousa, quien concluye diez años de mandato. El reto del nuevo presidente será utilizar su influencia para desactivar las tensiones políticas y evitar que Portugal caiga nuevamente en la parálisis legislativa que ha marcado sus últimos años.



