Armenta acelera rescate del Atoyac; eliminan 109 descargas y activan sistemas biológicos
El rescate del río Atoyac lleva diez meses de labores intensas y el gobierno de Alejandro Armenta reportó la eliminación de 109 descargas directas, así como la activación de una tecnología clave: 409 biodigestores que impiden que los desechos de las casas terminen en el cauce. Esta primera etapa, que cubre 30 kilómetros desde Tlahuapan hasta Domingo Arenas, es el inicio de una inversión ambiciosa de 2 mil 188 millones de pesos.
Más allá de las cifras, el mensaje político del gobernador fue contundente: el saneamiento no será rehén de chantajes. Armenta arremetió contra “liderazgos mezquinos” que, bajo intereses particulares, han frenado obras críticas como la planta de Xalmimilulco. Para el mandatario, recuperar el río es una cuestión de supervivencia y salud pública que se ejecutará “les guste o no”, marcando una distancia clara con gestiones pasadas que dejaron morir 11 plantas de tratamiento, hoy en proceso de rehabilitación.
La ingeniería detrás del proyecto apuesta por la economía circular; los biodigestores instalados no solo limpian el agua, también generan lodos que las familias pueden usar como abono orgánico, devolviendo al subsuelo líquido libre de contaminantes. A esto se suma una red de 84 kilómetros de colectores que buscan blindar la cuenca hídrica de la zona metropolitana, una de las más castigadas por la industria y la urbanización desmedida.
En el tablero federal, la instrucción es avanzar con consenso social, pero sin quitar el dedo del renglón sobre la responsabilidad empresarial; el comisionado nacional, Isauro Martínez, llamó a los industriales de los 70 municipios que comparten la cuenca a corregir sus conductas e invertir en su propia tecnología de limpieza, pues el gobierno no puede cargar solo con el costo de la polución privada.
El proyecto también tiene rostro humano, ya que Armenta anunció la creación de un “Sendero de Paz” y un parque lineal en la zona de la Exhacienda de Chautla. La idea es que el Atoyac deje de ser una cloaca abierta para convertirse en un espacio de recreación donde las comunidades puedan “apropiarse” del río. Si el ritmo se mantiene, para octubre de este año el agua de riego tendrá una calidad inédita en décadas.
Con el horizonte puesto en finales de 2026, la administración estatal confía en que el saneamiento sea irreversible. El reto es mayúsculo: limpiar 109 kilómetros de cauce que por años simbolizaron el abandono ambiental. Hoy, con plantas como la de San Juan Cuauhtémoc a punto de entrar en funciones, el Atoyac comienza a mostrar una cara que Puebla ya no recordaba: la de un río vivo, según autoridades.



