Alteridades | Chairo
Hace tiempo leí en una publicación del “cara libro” que un individuo se lamentaba de las posturas “chairas” de sus profesores universitarios en relación con las críticas a un “youtuber exitoso”. Esto es que dichos profesores y profesoras criticaban desde una postura que para el quejoso era “woke”, “naca” o de a tiro “comunista” al exitoso empresario de la red y, por tanto, eran “chairos”.
Desde hace unos años, ese término se ha popularizado en el discurso de muchas personas y en las redes sociales. Sin embargo, el sentido de ese término ha cambiado con el tiempo y ha adquirido uno un tanto distinto al que tuvo en su origen. De acuerdo con el portal de la Academia Mexicana de la Lengua, el término “chairo” tiene numerosas acepciones. Una de las primeras, “Persona, generalmente joven, caracterizada por provenir de una buena posición social y por ser partidaria de movimientos sociales, como los ecologistas y antiglobalización”, fue la que ostentaba el término la primera vez que lo escuché allá por el año 2014.
En ese momento, se escuchaba de “luchadores y luchadoras sociales” que provenían de familias acomodadas y que lo mismo apoyaban el uso de las bicicletas, que pugnaban por el derecho de las mujeres a decidir, que luchaban por los derechos animales. A ellos, coloquialmente, se les llamaba chairos.
Luego, el término adquirió el significado que tiene el día de hoy que, según el portal antes citado, es “sustantivo y adjetivo (ofensivo). Persona que defiende causas sociales y políticas en contra de las ideologías de la derecha, pero a la que se atribuye falta de compromiso verdadero con lo que dice defender; persona que se autosatisface con sus actitudes”.
Ahí mismo se afirma que el “incremento en la frecuencia de esta voz desde inicios de 2018 probablemente se debió a la cercanía de las elecciones presidenciales mexicanas, periodo en el que se polarizaron las posturas y aquellos que atacaban al entonces candidato Andrés Manuel López Obrador fueron llamados, peyorativamente, fifís por los partidarios de éste; en tanto que aquéllos llamaron, en tono despectivo, chairos a los simpatizantes de AMLO”.
Hoy, según parece por el uso que le da quien critica a sus profesores, va más allá de la pugna entre “amlovers” y “antipejes” y se le relaciona con quien defiende lo social y lo público, frente a la meritocracia de estafa piramidal y a la falacia del éxito empresarial del “emprendedurismo tiktokero y youtubero”.
Por supuesto, un chairo, en términos de hoy, estará a favor de las causas denominadas “woke” y su contrario, estará a favor de las causas “libertarias” que pugnan por el libre mercado sin restricciones y a la defensa del “el probre es pobre porque quiere” y “quien tenga más saliva tragará más pinole”, aunque dudo que el pinole figure en su vocabulario pues es una bebida poco “cool” y sí muy “chaira” “bro”.
El usar estos motes -también el concepto fifí, del que ocuparé una columna posterior- para denostar a quien piensa de forma distinta es una práctica sumamente vieja y que, como pasa con los apodos, busca a todas luces ser ofensiva.
Debemos buscar que el debate público, la discusión entre las personas, y el cambio de perspectivas se base en el respeto del otro y en el sustento de los argumentos. Lo contrario, el descrédito y la ofensa, tienden a ser banderas claras del pensamiento más abosluto, impositivo e intolerante, típico de las ultraderechas y de los fascismos que hoy, al parecer, están de moda de nuevo.
Eso que empezó como una broma, se transformó en ideas “lógicas” y, en 1945, culminó con uno de los genocidios más grandes de los que se tiene registro.



